Ante recientes declaraciones de la administración estadounidense sobre opciones para combatir a organizaciones criminales, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó con firmeza que México no pedirá ni aceptará intervención militar extranjera. La mandataria aseguró que en sus conversaciones con el presidente estadounidense y otros altos funcionarios ha rechazado propuestas de intervención directa y ha solicitado, en cambio, apoyo en materia de inteligencia, capacitación y cooperación judicial.
La reacción mexicana se enlaza con acciones recientes del Gobierno de EE. UU. —como la designación de cárteles como organizaciones terroristas— que habían generado inquietud en México por la posibilidad de operaciones más intrusivas. Sheinbaum y su gabinete han calificado esas medidas como motivo para reforzar canales diplomáticos y jurídicos que garanticen respeto a la soberanía y la legalidad.
Funcionarios y expertos coinciden en que el rechazo público a la intervención tiene tres efectos prácticos: 1) preserva la autoridad del Estado para definir operativos en su territorio; 2) orienta la cooperación internacional hacia el intercambio de información y apoyo logístico; y 3) busca contener el impacto político interno frente a sectores que podrían ver con recelo una presencia militar extranjera. Medios internacionales (Reuters, The Guardian, AP) han cubierto ampliamente el episodio y la clara postura de la Presidencia.
Finalmente, Sheinbaum dijo que las relaciones con EE. UU. continuarán basadas en respeto mutuo y que México acepta “colaboración” —por ejemplo en inteligencia— pero no intervención. La Presidencia mantendrá el contacto directo con Washington para coordinar acciones que no impliquen presencia militar ni pérdida de control sobre operaciones policiales dentro del territorio mexicano.















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